Desde el Oeste un rumor...



"Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:
'Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón'.
Y aquel 'Perón' resonaba periódicamente como un cañonazo.
Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina 'invisible' que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista."
LEOPOLDO MARECHAL (1900-1970)

EL PAPEL DE PAPEL PRENSA

En primer lugar, queremos felicitar la iniciativa de nuestra Presidenta Cristina Fernández, de enviar un proyecto al Congreso de la Nación, para que declare de interés público la producción del papel. No sólo porque los medios de comunicación deben tener la libertad de informar, sino porque también los ciudadanos debemos tener la libertd de informarnos. Las comunicaciones y el manejo de la información son fundamentales, porque permiten generar y formar opinión en las personas sobre todos los acontecimientos de los que no son directamente actores o testigos, y fijan la agenda de los debates. Como ya lo supo expresar Chávez, los medios de comunicación deben ser una herramienta de transformación que los movimientos populares no debemos dejar en manos de quienes lucran con ellos, y gracias a ellos, en contra de los intereses del Pueblo. Y en este sentido ha avanzado nuestra Presidenta.
Ejemplos miles, en todo el mundo y toda la historia, dan cuenta de la importancia de la palabra y de la información. Y la derecha nunca la dejó en manos del Pueblo. En la Inquisición se implementó la quema de libros de una manera vulgar y masiva, para imponer una hegemónica cultura, de la misma manera que todos los gobiernos dictatoriales implementaron la censura con el mismo fin.
Personajes como Foucault han escrito grandes obras acerca de la importancia de las palabras y su significado como parte de la cultura de un pueblo; gestan su identidad. Los significados impregnan de una cierta idea y connotación postiva o negativa a determinadas palabras, de manera tal que la lucha por el poder, siempre ha incluido como uno de sus ejes, la lucha por el significado. Los sectores dominantes pueden dominar al Pueblo, si manejan su palabra. Como dijo John William Cooke: “En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios.”
Los sectores oligárquicos nos han permitido usar ciertas palabras, y nos han vedado otras, y han llenado de significados hegemónicos y funcionales a aquellas que alguna vez significaron algo profundo y peligroso para el mantenimiento del status quo. Durante años no se pudo pronunciar el nombre el nombre del Gral. Perón, o cantar la Marcha Peronista, con la clara intención de vaciarlos de contenido. Palabras inconvenientes para los sectores de poder pasaron a ser descalificatorias, negativas, sinónimos de desorden: revolución, subversión, zurdo. De hecho, la palabra peronista, es un término que ha sido viciado a lo largo de los años, y hoy en día sigue siendo objeto de una lucha constante que se da con el objetivo de resignificarlo.
Las palabras tienen una importancia trascendental, y es necesario que el Pueblo les dé vida. Ya lo hizo Evita, cuando tomó el término "descamisados", lo expropió de las clases dominantes y se lo devolvió al Pueblo con un valor nuevo y propio de las masas que se apropiaban de él. Lo hizo Cooke, cuando se refirió al "hecho maldito", y lo hacemos ahora, cuando podemos hablar de los "putos peronistas" o de la "mierda oficialista".
De la Patria pudo hablar Hitler, pero jamás esa palabra sonó en su boca, como sí lo hizo en los labios de San Martín y Bolívar. El Pueblo hace su lengua, y construye sus palabras y significados. Y hoy día no sólo está recuperando las calles, si no también, y justamente, la palabra. Estamos, los argentinos y argentinas, debatiendo conceptos, ideas, proyectos. Estamos definiendo nuestro futuro, y reconstruyendo nuestro pasado. Y en esta pelea cuerpo a cuerpo, no hay lugar para silencios. Las movilizaciones en defensa de la nueva Ley de Radiodifusión han puesto en evidencia la dimensión que ha tomado este tema en la sociedad, y han hecho evidente que tras tantos años de censura, la gente quiere salir nuevamente a expresarse.
Muchos han salido a decir que las últimas decisiones tomadas por la Presidenta Cristina Fernández, son autoritarias, y que tienen el interés de monopolizar los medios de comunicación. Pero el hecho de debatir si es o no democrático el manejo actual de la empresa Papel Prensa, o la misma investigación de éste, y también su traspaso de dueños en los años de la dictadura, es ya de por sí democrático. Y si se puede desarrollar ahora, es gracias a los canales que abre este Gobierno Nacional, para que llegue a la opinión pública la discusión de muchos temas que hasta ahora se mantenían cerrados.
El Gobierno de Cristina Fernández, y de Néstor antes, ha no sólo respaldado sino además promovido que el Pueblo crezca y se retroalimente con sus propias prácticas culturales. Que recupere la cultura de "industria nacional y popular" que vuelva a ser autora de su historia, y artista de su cultura.
La prensa, el Papel Prensa, vuelve a estar hoy en manos del Pueblo.
¡Vamos Néstor! ¡Vamos Cristina!

11 DE OCTUBRE - ÚLTIMO DÍA DE LIBERTAD DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

12 de octubre de 1492 constituye el día a partir del cual se hace sistemático el avance de las tropas coloniales sobre el territorio americano. En nombre de los Reyes avanzaron; en nombre del comercio asesinaron; y en nombre de Dios bastardearon y destruyeron las costumbres y religiones de los Pueblos de la región.
Los saqueos, la saña, las traiciones, todo se complotó en una gran destrucción de las comunidades, que fueron puestas al servicio de los intereses de la Corona, y de los sádicos de turno. La estructura productiva de nuestras naciones arrastra las condiciones de sometimiento de aquellos años. Y sin embargo, nos urge, desde este espacio, honrar a los Pueblos originarios y su resistencia. Ellos tuvieron que hacer frente a las violaciones, los saqueos, las matanzas, la esclavitud. A la prohibición de mantener un estilo de vida que les era propio, que se había gestado con su historia. Al intento de destruir sus tradiciones.
No caeremos en aquella idea fantástica de que aquellos eran maravillosos, sin defectos, puros. Fueron Pueblos con guerras, con crímenes, con corrupción. Fueron Pueblos. Y como tales, tuvieron costumbres, problemas, sistemas de gobierno, y la capacidad para ser artífices de su propia historia. Tuvieron cultura. Y el tiempo pasado en estos verbos es un error. Estos Pueblos aún existen y tienen cultura. El colonialismo no sólo fue grave por haber pretendido destruirlos física, mental y culturalmente. Fue grave porque las consecuencias de ello perduran hasta hoy. En las escuelas nos enseñan sobre las comunidades indígenas como si ya no existieran. Para conocer cómo vivían debemos ir a un museo. ¿Y para ver cómo viven ahora?
Debemos honrar su resistencia que fue no sólo durante los más de 300 años de dominación colonial, si no durante todos los años que le siguieron. Creemos que recobrar nuestra historia es también entender el lugar que ocupan estas culturas, tanto en el pasado como en el presente, y que de a poco vamos recomponiendo el tejido cultural que nos une como Pueblo.

Para con los Pueblos originarios también: ni olvido ni perdón.

medio pan y un libro



Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!' Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura'. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.