Manifiesto del Centro Cultural Rizoma
“Espacio de expresión cultural y artístico con contenido político y social”

Creemos que es necesario construir un espacio amplio, colectivo, plural, donde puedan confluir todas aquellas subjetividades tanto individuales como grupales que deseen a través del arte ser canales de transmisión de pensamientos, ideales, valores, sensaciones, inquietudes, preguntas, sentimientos. El Centro Cultural Rizoma, herramienta de la Corriente Popular Cooke, nace con la idea de generar un espacio de inclusión de los distintos actores sociales del barrio teniendo como foco el espectro juvenil. La juventud es la posibilidad misma del despertar y del cambio. Creemos firmemente en lo indispensable de generar arte con sentido, provocador, didáctico, aquel capaz de mostrar las grandes situaciones de la existencia y cómo se mueven los sujetos dentro de ellas, como fuente para la creación y el acercamiento entre los seres humanos, reconociéndonos como iguales. Provocar es saber qué se dice y decir lo que no se debe decir. Intentamos, por ende, ser puentes capaces de unir a los distintos sectores del barrio a través de la conformación de nuevos espacios de expresión y de desarrollo de las capacidades artísticas modificadoras de la realidad.
Queremos explorar las diversas experiencias que posibiliten el desarrollo de un pensamiento crítico acerca de la sociedad, teniendo en cuenta que en un mismo espacio social histórico y tal como sucede en la actualidad, interactúan y se confrontan elecciones de vida, actores sociales que encarnan distintos tipos de intereses y proyectos del mundo. Estos sectores podrían convertirse en verdaderas fuerzas culturales y es nuestra intención construir un espacio donde puedan conocerse, reconocerse y retroalimentarse.

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Contexto histórico social:
“En esta sociedad hay tres segmentos que tienen permiso para romper
con los elementos sociales: el loco, el delincuente y el artista.
El loco y el delincuente son encarcelados, pero el artista no.” (Rodolfo Nomé)
No existen conceptos neutrales o asépticos de cultura. Estos son siempre operativos y emergentes de una determinada concepción política del mundo y demarcan determinadas líneas de acción, orientan a los agentes en un sentido u otro y además, clasifican.
Hace más de un siglo vivimos como sociedad un proceso de comercialización de la cultura. El arte se transformó en una mercancía, utilizada por los agentes políticos de turno en busca de resultados a su favor, dejando de lado la función real de la cultura como formadora y transmisora de valores, creencias, costumbres, normas. O mejor dicho, transmitiendo a través de ella los valores necesarios para mantener la hegemonía reinante.
El neoliberalismo no sólo intentó destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad (tales como el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático) sino que su proyecto de atomización de la sociedad reduce a la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura social-política-económica en la cual se inserta, y coonsiderándolo como mero consumidor, extendiéndose esta condición a la esfera cultural. Es necesario, para comprender al neoliberalismo en la región y en el país, hablar de las dictaduras sangrientas, que fueron la puerta de entrada hacia una nueva fase del capitalismo. Los sectores más concentrados, ligados a los intereses estadounidenses, al encontrarse con una juventud organizada que denunciaba las barbaridades del sistema y consecuentemente actuaba en pos de una sociedad justa y equitativa, decidieron tomar la vía antidemocrática y sangrienta para reinstalar al liberalismo económico en la región en base al terror sistematizado, el miedo y la censura.
Luego, el neoliberalismo de la Argentina menemista no sólo tuvo un fuerte impacto en la dimensión económica, sino también en la estructura social. El desempleo, la economía irreal de las finanzas, las relaciones de sumisión con Estados Unidos y la privatización del Estado, generaron la desarticulación de ámbitos comunes obstaculizando la creación de cultura popular. Cambiamos cultura por espectáculo, creación colectiva por consumo individual. La visión social que emergió de esa década poco o nada tenía que ver con el país previo, modificó radicalmente las formas de vida, los imaginarios sociales y los intercambios entre los miembros de la sociedad.
Los valores impuestos fueron basados en un hiperindividualismo arrasador; cristalizó un sentido común que desgarró las viejas identidades y los antiguos intercambios. Se trató, entonces, de una transformación profunda que cambió los valores y convicciones, alcanzando, a su vez, las formas más elementales de la vida cotidiana y la reconversión de los mapas urbanos y las relaciones sociales. Cuando uno habla del arte para la transformación social, habla de devolver, reintegrar, re-ligar el arte al lugar donde siempre estuvo: la vida cotidiana.
Casi sin darnos cuenta, los argentinos nos volvimos extraños entre nosotros rompiendo las viejas tramas de pertenencia y de cruce para apuntalarnos en una lógica de la sospecha y del encerramiento. Se perdió una costumbre bien nuestra, la de los cafés donde mucha gente se encontraba para discutir cuestiones políticas y cotidianas, como uno de los tantos espacios que nucleaban a la comunidad. Así quedó impuesta en el imaginario cultural de gran parte de nuestra sociedad la ideología de época que valoraba todo lo que provenía del mundo empresarial y privado, y desvalorizaba o miraba desconfiadamente todo lo que provenía de la esfera pública o estatal, facilitando esto que no se cuestionara la ausencia del Estado.
En el nuevo contexto mundial, de capital global y transnacional, las metrópolis jugaron un papel clave, entre ellas la ciudad de Buenos Aires, histórica sede del poder político-económico en Argentina, por donde ingresaran nuevas corrientes artísticas desde el “primer mundo” y fueran desplazando a la cultura popular forjada en el interior del país y en la capital misma. Aparejado a esto y a la mercantilización de la cultura se produjo la banalización y el vaciamiento del contenido político, entendiéndolo como historia de luchas y reivindicaciones de una sociedad, que durante décadas se había desarrollado.
En la actualidad, se suma la masividad de la cultura vacía, cuya difusión es facilitada por la televisión e Internet, Estos medios masivos de (des)información, si bien no la invalidan, al utilizar la expresión artística la malversan, forjando así el gusto popular, y por ende la capacidad de percepción estética del público, propagando los valores de “la nueva era” ya mencionados.
En consonancia con todos estos procesos, y producto de una política sistemática característica de la dictadura y el neoliberalismo, la juventud se encuentra en un estado de quietud y desmovilización, tanto como actor social como político. Es esta la mayor consecuencia actual, lo que provoca la inhibición de todo tipo de participación social y artística, haciendo difícil encontrar y crear espacios de comunicación y de expresión.
Para nosotros es un desafío desarrollar canales de expresión y de encuentro, donde todos podamos construir nuevos valores. Demostrar que el Estado hoy en día está volviendo a intervenir, y que nosotros debemos apropiarnos de éste, generando un impacto positivo que sea el comienzo de esta vuelta de tuerca. La toma de partido estética y política de hoy es: guerra al arte dirigido, guerra al arte conformista, al arte massmediático convertido en artículo de consumo, al arte integrado, al arte-mercancía que se deja seducir por el mercado.
“El arte ha sido durante mucho tiempo una renuncia a la responsabilidad, una abstención ante el mundo real. Pero ahora no se trata de embellecer al mundo en la obra de arte o en la imaginación, o de afearlo, o simplemente de copiarlo. Es preciso inventar nuevas realidades, es preciso reconstruir el mundo. El artista no tiene un reino aparte de la realidad común. El Nuevo Arte nace de un deseo de participación en el mundo” (Paco Urondo).

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¿Qué es el arte para el Centro Cultural Rizoma?

“El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre. Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo”.” Federico García Lorca.
Creemos en el arte como forma de denuncia y como posibilidad de sensibilizarnos es una herramienta para despertar las conciencias dormidas. Pero a la vez, no creemos en lo que suele llamarse “democratización de la cultura”, corriente según la cual la cultura es algo ya establecido, inamovible, que debe acercarse a la población para de esta forma “elevar su nivel”. Por el contrario, la cultura está en permanente construcción y es nuestro desafío captar ese movimiento al tiempo que se va sucediendo, poder receptar las inquietudes de la gente, cuáles son sus formas, sus intereses, sus problemáticas, sus tiempos, para así ayudar a esa gestación de la cultura real, que no es otra que la del pueblo. Un artista que cree tener la verdad y pretende ponerla al servicio del pueblo que no la tiene, no es un artista sino un iluminador. Y ya sabemos lo que implica el iluminisimo, esa concepción del otro como un recipiente vacío donde podemos volcar toda nuestra verdad: otra forma más de colonización de cuerpos y mentes. Esta idea sólo es un obstáculo para la real democracia cultural. “Es más importante abrir al pueblo los espacios de expresión y cederle los recursos que le corresponden para que pueda desarrollar su propia cultura, descolonizarla, explorar sus posibilidades y alcanzar su florecimiento” (Adolfo Colombres)
El arte es el canal a través del cual sucede la vida. Un canal es el lecho por donde pasa el rio. Los ríos discurren sobre la superficie, o en corrientes subterráneas, el agua desgasta los materiales que hay por donde pasa y arrastra los restos en dirección al mar, dejándolos depositados en diversos lugares, formando nuevos suelos y, en definitiva, transformando el paisaje. El agua crea cascadas, grutas, desfiladeros, meandros y deltas. En ocasiones inunda determinadas regiones, más o menos amplias, del territorio. La vida se ha desarrollado de forma más prolífera, desde siempre, en las márgenes de los ríos.
La relación entre el lecho del rio y su contenido es dialéctica: el primero lo contiene y al mismo tiempo el río le da su forma. El Centro Cultural Rizoma se propone como canal a través del cual suceda el río, es decir, se realice en el presente. El agua de ese río es el contenido del arte. Entonces será lo que suceda allí lo que vaya moldeando y transformando el lecho del espacio propuesto. Esto implica la disponibilidad para la adaptación y la flexibilidad como principios sobre los cuales estructurar nuestro sitio.

Sensibilidad interna Vs Racionalización excesiva
El arte es la posibilidad de abrir la puerta hacia un mundo menos racional y más sensible. Para nosotros a través del acto artístico, de un artista que se dispone y pone su cuerpo al servicio de la transmisión hacia otro que está viendo ese acto, se pueden despertar tantas cosas dentro de uno, mucho más poderosas que el simple entendimiento racional de la vida y los acontecimientos. Y es de esta forma, cuando las preguntas y las inquietudes surgen desde este lugar profundo y sincero, al cual uno no puede escapar, cuando existe la posibilidad de la transformación real del ser. Cuando seamos capaces de comprender sensiblemente al otro será cuando podamos entender que el otro y uno somos lo mismo. Que el conflicto que encarna el actor, la imagen que muestra la fotografía, la idea que encierra un verso son tan nuestras como de quien nos las está ofreciendo para apropiárnoslas.
“Lo que tenemos que expresar ya está con nosotros, en nosotros, de manera que la obra de creatividad no es cuestión de hacer venir el material sino de desbloquear los obstáculos para su flujo. El conocimiento razonado proviene de una información de la que tenemos clara conciencia, y es solo una muestra parcial de nuestro conocimiento total. El conocimiento intuitivo en cambio, procede de todo lo que sabemos y de todo lo que somos. Converge en el momento a partir de una rica pluralidad de direcciones y fuentes”. (Freeplay)
Pretendemos utilizar el razonamiento sobre lo que estamos haciendo en función de ello y no por fuera: es necesario repensar el concepto de racionalidad. La experiencia es el volver de manera reflexiva sobre la vivencia, el instante presente en el que se desarrolla el hecho artístico, para lograr incorporarla como bagaje de conocimiento que permita desarrollar el nuevo encuentro vivencial.
El arte se halla actualmente reducido a la simple innovación, esa característica de la producción capitalista exigida en esta lógica de la necesidad de crear nuevos deseos. De allí deriva una mayor confusión entre la simple innovación y la búsqueda de sentido, de la que es víctima el arte contemporáneo. Por un lado, tenemos al arte como proveedor de placer, disfrute, goce, el arte por el arte, es decir, con sentido hedonista. Por el otro lado, el arte conceptualizado como modificador de las conciencias y como forma de denuncia constante de la realidad que vivimos, situada históricamente en un lugar determinado. Es una forma de entender esa realidad, es el paso previo a su modificación. Esto también es hacer política, echando luz sobre el contenido y el potencial del arte resignificado y lleno de ideas, propuestas, energía transformadora, siempre íntimamente relacionado con la realidad concreta y objetiva de los acontecimientos presentes de la sociedad en la que vivimos. El arte verdaderamente revolucionario es el que descompone al mundo para recomponerlo mejor, de manera liberadora.
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Seremos Rizoma

Hay un concepto de Gilles Deleuze que le da nombre a este Centro Cultural: Rizoma. Concepto con el que todos nos identificamos por su gran valor simbólico. Es el ideal de funcionamiento de cualquier grupo existente, en cualquier nivel de la sociedad. El ideal de grupo es no jerárquico y no es una unidad que tenga un centro, sino más bien una red en la cual todos los puntos de la misma están interconectados. ¡Y ASÍ ES COMO DEBE SER!
“El Rizoma funciona como un mapa reversible, modificable, desmontable, susceptible de recibir modificaciones. Puede ser roto, adaptable a cualquier naturaleza. No tiene memoria organizadora o autómata central.”
Eso es un rizoma, un esquema teórico a llevar a cabo, una realidad a ser escrita y hecha, una novedad. ¡La queremos!
Lo ideal y lo real. Qué dicotomía tan histórica. Cuántos habrán escrito al respecto y nosotros aquí mismo nos proponemos repetir esa historia. Pero ahí justamente reside la gracia. Que la historia se repite, pero en otra época, en otro momento, en otro contexto o punto en la extensión de la vida, que está nutrido de experiencias que otros antes no vivieron.
Nos costaría bastante cazar un pez con una lanza, es verdad. Pero ese hombre primitivo nunca leyó Aristóteles, Platón, Descartes, Marx y no sabe lo que es el Mayo Francés, ni la Revolución Cubana. Ni siquiera sabe de la formación de los Estados.
Y en relación a lo ideal y a lo real, el Estado es un tema en discordia permanente. ¡El Estado! Ese Estado que nos hace miembros de la sociedad, que nos da derechos y obligaciones, que nos obliga de igual manera tanto a unos como a otros, que nos hace iguales jurídicamente hablando. Que hace que no nos matemos. Que nos cohesiona y nos coacciona a la vez y que es la forma que encontramos históricamente a través de la política para organizarnos.
En el curso de una larga historia el Estado ha sido un modelo de pensamiento, de cómo organizar el mundo. Hoy es una realidad que no se condice con lo idealizado. Bien sabemos que el Estado por naturaleza es verticalista y que no forma una planicie para que los distintos actores sociales puedan expresarse. Porque el Estado no es rizomático, es arbóreo. Es una unidad que tiene un centro del cual se desprenden ramificaciones que proliferan en dicotomías restrictivas de todo pensamiento externo. La membrecía es una de ellas: miembro o no miembro.
Sabemos también que el Estado es la expresión de la ideología de una clase social dominante. Sabemos que el Estado es una comunidad ilusoria, como bien decía Marx. Y creemos que para vivir en una sociedad totalmente justa e igualitaria no tendría que haber ni Estado, ni ideologías. Ahora bien… esto es en el plano de lo ideal porque quiere decir que no habría clases sociales diferenciadas por la posesión de los medios de producción. Sin embargo, entendemos que la realidad que atravesamos está bastante lejos de esa idealización. Por esto nosotros decimos que sí, apoyamos y celebramos las políticas y las medidas que están en relación a las necesidades reales de la sociedad en la que vivimos y que están abriendo senderos hacia allí. Nosotros no pactamos con las personas, sino con sus acciones concretas y entendemos que desde el Estado se están desarrollando políticas inclusivas e integrativas que apuntan a la distribución de los recursos que el propio Estado genera. En este momento en donde la correlación de fuerzas no es la necesaria para recomponer el mundo desde sus raíces más profundas, vemos que esta es la mejor salida transitoria para la gente que menos tiene. Lo idealizado sigue vigente, solo estamos contextualizando para que el camino hacia el ideal se empiece a construir, dejando de ser mera fantasía.
La propuesta del Centro Cultural Rizoma es tener bien presente esta situación en la que nos encontramos para poder empezar a construir desde dentro del sistema un Estado más igualitario, con mayores oportunidades para todos los habitantes del suelo argentino. Y creemos firmemente que para que eso suceda primero tenemos que saber qué es lo que brinda el Estado, cuales son las oportunidades que nos da. Desde aquí nos proponemos como articuladores para que esas oportunidades y beneficios que otorga el Estado le lleguen a la gente, creando canales para que cada punto de la red esté bien comunicado, gestando así una sociedad más rizomática. Si todos sabemos lo que pasa, ¡ya está a la vista! Y el que mira para el costado será juzgado por la moral rizomática que funcionará no condenando, sino invitando a la reflexión.

¡Bienvenidos sean los bienaventurados!
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